viernes, 15 de julio de 2016

La Imprenta es la lengua de la imaginación






   Ahora que andamos de celebraciones del 400 aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes, me ha parecido adecuado parafrasear lo que de su mano le dijo Don Quijote al Caballero del Verde Gabán, que "la pluma es la lengua del alma". Porque creo que tanto la "pluma" como la "imprenta" han sido los instrumentos de los que los creadores se ha valido para plasmar en papel lo que de otro modo quedaría en algo etéreo.

 "III Encuentro de Impresores Tipográficos" - Homenaje tipográfico al Futurismo

    La imprenta, evidentemente, con un recorrido mucho más corto que la escritura pero con una función esencial en la difusión y universalización de la CULTURA, no habría llegado a donde ha llegado sin el influjo de las modas y los cambios sociales acontecidos a lo largo de su historia, y uno de esos emocionantes momentos fue, sin duda, la irrupción en el mundo del libro del FUTURISMO, del que Macel Duchamp llegó a decir que una de sus aportaciones fundamentales fue esa suerte de "impresionismo mecánico" en los libros impresos.

   Lo que entonces era futurista hoy se nos antoja ingenuo, con el uso los tipos "en movimiento" o las letras humanizadas tan del gusto de El Lissitzky. Pero es lo que tiene el paso del tiempo, que lo novísimo se convierte en antiguo al día siguiente. Sin embargo, al contemplar alguno de los trabajos de Deperó, Marinetti, Mallarmé o Balla, uno puede imaginar el impacto que sus libros debieron de causar entre sus coetáneos, aquellos alardes tipográficos eran sin duda de la más autentica modernidad y un horizonte en el que fijar sus ojos las vanguardias poéticas del pasado siglo. 

   Filippo Tommaso Marinetti fue el que dijo que "había emprendido una revolución tipográfica dirigida contra la brutal y repulsiva concepción tradicionalista y dannunziana del libro" "dirigida contra la llamada armonía tipográfica de la página, que resulta contraria al flujo y al reflujo, a los brincos y a los estallidos del estilo que fluye por sus páginas. Por tanto, en una misma página, usaremos tintas de tres o cuatro colores diferentes, e incluso 20 tipos de letras distintos, si es necesario. Como las cursivas para la sensación de velocidad y la negrita redonda para las onomatopeyas violentas..." De modo que la tipografía se librara de la función de esclava de la escritura y pasaba a ser parte esencial de la obra literaria, al mismo nivel que el texto.

   Marinetti lo que buscaba, en el fondo, era el renacimiento de la imprenta, aunque para ello fuera necesario destruir lo hecho antes. En su Manifiesto del futurismo llegó a decir. "¡Que vengan, pues, los alegres incendiarios de dedos carbonizados! ¡Aquí están! ¡Aquí están...! Vamos, ¡prended fuego a los estantes de las bibliotecas...! ¡Desviad el curso de los canales para inundar los museos...!", eso si que era radicalidad. Aquel movimiento prendió en medio de grandes avances tecnológicos, un momento en el que los periódicos en su apogeo, el fonógrafo, la radio o el cinematógrafo amenazaban aquella sociedad, siendo la respuesta del momento, cómo era de esperar, de total rechazo.

   Lo que ellos llevaron a cabo fue una autentica "revolución tipográfica" regenerando la página impresa mediante la utilización del tipo de plomo y los cuerpos con un uso expresivo. El libro "Zang Tumb Tuuum. Andrianopoli octtobre 1912. Parole in libertá" de Marinetti, sigue siendo un referente del futurismo, aunque como él mismo dejo escrito el verdadero artífice de las innovaciones tipográficas de aquellas hojas impresas, fue el tipógrafo Cesare Cavanna de Milán.

   No quisiera dejar de lado una de las cuestiones clave para que el futurismo fuera tan injustamente menospreciado, los vínculos entre futurismo y política, especialmente la relación, un tanto ambigua, de Marinetti con el fascismo de Mussolini. 

    "Palabra en libertad" fue la aportación definitiva del futurismo a libro impreso, siendo el virtuosismo tipográfico desarrollado por aquellos maestros impresores el impulso para movimientos rupturistas posteriores como el dadaísmo o el constructivismo.

    Y esta reflexión viene a cuento del trabajo desarrollado, este año, por los participantes en el III Encuentro de Impresores Tipográficos celebrado en Valencia el pasado día 30 de junio de 2016. Pues con el tema del futurismo han realizado diversas y originales reinterpretaciones de lo que fue moderno y rupturista en los años 20.



    Tomar entre mis manos uno a uno los impresos, despojándolos de su original y bella envoltura, introducir los dedos entre las cartulinas para acariciar con la yema de los dedos el relieve, las texturas y posar los ojos sobre las diversas interpretaciones "futuristas", argumentadas ocurrencias que se ofrecen ante mis ojos y que son una evocación, un magnifico homenaje a los tipógrafos que, hace ya 100 años, rompieron con la norma establecida para hacer algo nuevo.

   Estos especímenes fueron realizados por: Mecana Sans, Tipos en su tinta, Familia Plómez, José Ramón Penela, Oficio, Bunkertype, Sefa Villalbi y La Seiscuatro.


jueves, 24 de diciembre de 2015

Juventud y atrevimiento tipográfico

      Para quienes, como yo, hace años que superamos el medio siglo de vida, la energía y vitalidad de la juventud nos parece algo lejano, casi olvidado. Sin embargo, entre los recuerdos que me quedan de aquellos años mantengo el de la valentía y arrojo con el que me atrevía a hacer cosas que, visto ahora, siempre comportaban algo de riesgo, pero que hoy forman parte de mi experiencia de una manera enriquecedora y que sin duda tienen algo de responsabilidad en el modelado de mi yo presente.

     Gráficas Marvel ya ha vivido esta experiencia en varias ocasiones a lo largo de su dilata historia. Primero fue mi padre cuando, sin ningún conocimiento técnico del oficio de tipógrafo e impresor, decidió abrir un taller de imprenta. La segunda, cuando hará poco más de diez años, se le ocurrió, al que esto escribe, la idea de recuperar y poner en valor la vieja prensa"boston" y los arrinconados chibaletes, para volver a imprimir tipográficamente sobre papel en la Imprenta Artesanal Marvel. Y de nuevo vuelve a vivir la misma emoción a en los últimos días del año 2015, ahora de la mano y la decisión de la tercera generación de impresores de la familia, Tara Vega.  

     Aunque debo advertir que el proyecto con el que ella inicia su aventura tipográfica es, sin parangón.... ¡una locura!.


       

          Expresión Tipográfica, que así se llama este proyecto, ha surgido a raíz de una convocatoria de micro relatos, poesía e ilustraciones ideado por Tara Vega y para el que no ha podido tener una mejor ocurrencia que pensar que los mismos vean la luz, en forma de un libro impreso, en el taller familiar. Porque, no solo quiere componer e imprimir el libro en tipografía, algo ya merecedor de una impecable camisa de fuerza, sino que quiere que los propios autores de los textos participen en su composición e impresión. Junten a una docena de cajistas inexpertos con un numero similar de cajas repletas de tipos de plomo y aquello puede terminar con letras por todas partes menos en la galera.

       Eso si, cueste lo que cueste, el resultado final estará libre de erratas y la impresión será merecedora de los antiguos maestros impresores que durante cientos años acometieron similares empresas.  

       Para financiarlo acaba de presentar el proyecto en Verkami y ya lo tiene abierto para recibir la colaboración de quienes apuesten por que el mismo sea una realidad dentro de poco, y la Oficina Tipográfica Marvel se llene de jóvenes aprendices de cajistas, e impresores y ese penetrante y singular olor de la tinta recién depositada sobre las hojas de papel, que solo los antiguos libros tipográficos tenían, salga por sus puertas e inunde el pueblo de Alcalá la Real.




     Es hora de ceder el testigo tipográfico a esta tercer generación de impresores Marvel y dejar que sus proyectos devuelvan la vida al viejo taller familiar.

        Una verdadera y maravillosa locura que solo a una joven como Tara Vega se le podía ocurrir, ella tiene el valor más importante que se requiere para llevar a cabo esta idea: juventud y atrevimiento.  

      Que el viento le sea favorable, para llevar esta aventura tipográfica a buen puerto.


Si estas interesado en este proyecto, aquí puedes conocerlo más a fondo:
http://www.verkami.com/projects/13089-expresion-tipografica-un-libro-colaborativo

miércoles, 26 de agosto de 2015

La Neotipografía

     La consideración que poco a poco va teniendo el público de que las piezas que hoy salen de las nuevas imprentas tipográficas son un producto artístico, se debe en parte a la labor pedagógica que en los últimos años venimos realizamos al mostrar en Internet unos productos diferentes, bien ejecutados, con un discurso gráfico muy personal y diferenciado tanto del grabado como de la xilografía y la serigrafía. Me aterra pensar que todo se deba a un hartazgo de la monotonía digital o que sea consecuencia del movimiento que demanda la vuelta a la artesanía de los oficios manuales, pues entonces estaríamos perdidos, la imprenta tipográfica sería solo una moda. Seguramente habrá algo de todo y mucho de nada.


Obra de Francisco de Paula Martínez Vela de la Imprenta Artesanal Marvel
    
    De ahí que esta corriente neotipográfica sea en mi opinión tan importante, no solo porque está consiguiendo mantener viva la imprenta, sino porque esta aportando a las artes gráficas unos criterios artísticos en cuanto al uso y combinación de tipos de madera y metal, el uso del color y unas composiciones atrevidas fuera de toda regla convencional y especialmente digital. En mi opinión, el gran renovador en nuestro país ha sido, sin duda, Emilio Sdun, o al menos dejó su impronta en todos los que le conocimos y trabajamos con él, aunque en los trabajos que salen de los nuevos talleres ya se vislumbran asimismo las influencias de grandes tipógrafos españoles como Mauricio Ámster, Ricard Giralt Miracle, los poetas experimentales Joan Brossa y Felipe Boso o de artistas algo más desconocidos como el catalán Lluís Jou (ver atículo en unostiposduros), siendo también palpable la influencia en muchos de nuestro trabajos de los grandes tipógrafos europeos, o más actuales como el inglés Alan Kitching o el americano Amos Kennedy.


Algunas de las obras realizadas por Jesús Morentín de Bunkertype. Foto Jesús Morentín.

    
     Haber tenido la suerte de formar parte, desde el principio, del grupo de personas que se embarcaron en el intento de hacer renacer la tipografía como lenguaje gráfico y artístico, a la vez de haber sido de los últimos que aprendieron en una escuela el arte tipográfico en su vertiente comercial, me permite ver el asunto con una perspectiva diferente y reconocer que el éxito de la nueva tipografía es el triunfo de la radical alteración en el proceso de elaboración, lo que da un resultado formal al impreso nuevo y diferenciado de lo que podemos ver en el mercado gráfico.
    
     Pero para que la cosa no quedara en algo pasajero era necesario que los que estábamos trabajando, de manera casi monástica, saliéramos de ese anonimato, primero haciendo visible nuestro trabajo y luego generando la necesidad de consumo tipográfico por parte de los potenciales consumidores de este tipo de obra gráfica. De modo que cuando en 2011, y convocados por el impresor y bibliófilo cántabro Alastair Carmichael, se reunían en Santillana del Mar los impresores tipográficos Emilio SdunPaco CumpiánPepe AndradeJosé Manuel Martín Almeida y Francisco de Paula Martínez Vela, poco podíamos imaginar que aquello fuera el comienzo de nada, más bien parecía el encuentro de cuatro locos románticos que sentían pasión por un oficio antiguo y trasnochado. De aquel encuentro ya deje un artículo en este mismo blog (mayo 2011) en el que narraba las peripecias del mismo. 

Algunas imágenes de aquel encuentro en 2011.


   
    He de reconocer que el primer encuentro hubiera pasado casi desapercibido de no haber sido por la reseña aparecida en la web unostiposduros, fundamental para que los pocos impresores e impresoras que estaban comenzando o los diseñadores gráficos que habían puesto sus ojos en este oficio de cara a iniciar una nueva actividad, se dieran cuenta de que su elección no era algo aislado, que ya había otras personas imprimiendo artesanalmente en España, lo que, además de visualizarnos, nos facilitó los primeros contactos.

    La proliferación de talleres tipográficos artesanales, en apenas tres años, hizo que pasáramos de ser "cuatro gatos" a superar la docena de imprentas en funcionamiento por toda la geografía nacional. Aunque, todo hay que decirlo, gran parte del merito de esta multiplicación fue la idea de un grupo de jóvenes madrileños de hacer un crowdfunding para financiar la compra de una antigua imprenta, y que terminaron llamándose La Familia Plómez. Aquello fue una autentica revolución tanto en los medios de comunicación como entre los nuevos diseñadores gráficos que vieron en la imprenta tipográfica, lo que los impresores dejaron de ver hacía ya muchos años, y que animó a otros grupos o personas individualmente a iniciar su andadura tipográfica, rescatando, de paso, a algunos jóvenes impresores comerciales que todavía conservaban en sus talleres prensa y tipos de plomo, como es el caso de Miguel Morales de la imprenta cordobesa La GutenbergY claro, como lo primero que hace todo buen impresor tipográfico es abrir una web, blog, o página en facebook para comenzar a mostrar sus impresos, esto hizo más fácil el que pudiéramos conocernoshaciendo que los contactos fueron cada vez más fluidos e interesantes y que de aquellas conversaciones surgiera la idea de vernos personalmente y poder ver y tocar lo que andábamos imprimiendo. 

    Así que cuando Lola Espinosa, una de las primeras impresoras tipográficas que abrió taller en España y al que bautizó con el acertado nombre de Oficio, tuvo la feliz idea de organizar, en 2014, un nuevo encuentro de impresores tipográficos en Valencia, me faltó tiempo para decir que contaran conmigo. Aquel fue un encuentro entrañable y muy emocionante, al menos para mi, porque pienso que lo de conocerse a través de la red es extraño, casi siempre me hago una idea que difícilmente luego encaja con la persona real. Unos minutos hablando me muestran más de la otra persona que lo visto en cientos de entradas y envidiables fotos. Allí me reencontré con antiguos amigos como Alastair Carmichael y pude por fin conocer a nuevos como Lola Espinosa, Eva Mengual,  Xelo Garrigós y Jordi Sempere, Lars Amundsen y Matthias Beck, Marta Pina, Lola Jiménez y Antonio Expósito, Elies Plana y Gabriela Comba y a Juanjo López. 

    Los talleres participantes aquel 19 de junio fueron: Imprenta Carmichael-Alonso (Lloreda de Cayón. Santander), Oficio (Burjasot. Valencia),La Seiscuatro (Valencia), Mecana Sans (Alicante), Tipos en su tinta (Santa Cruz de Tenerife), Industrias Lentas (Valencia), Animatipia (Collado Villalba, Madrid) Granja Gráfica (Barcelona) La Familia Plómez (Madrid) y la Imprenta Artesanal Marvel (Alcalá la Real. Jaén). El encuentro tuvo lugar en el Centro Cultural de Bujarsot, una localidad cercana valencia y en la que Oficio tiene su taller. Uno a uno fuimos hablando de nuestro taller, mostrando imágenes y trabajos realizados y sobre todo compartiendo emociones e historias de los más interesantes descubriendo, de paso, lo mucho en común que personas tan distintas y de tan diferentes lugares teníamos en torno a la imprenta tipográfica. 
  
   También pudimos visitar el Museo de La Imprenta del Puig, así como los talleres de Lola Espinosa y de su maestro Alfredo Lazo en la cercana localidad de Godella. Un día que supo a poco y dejó una agradable sensación en todos y cada uno de nosotros.


Algunas fotos del encuentro de Valencia.
  
   Y como somos reincidentes en esto de la tipografía y la imprenta, los talleres madrileños pensaron que no hay dos sin tres, por lo que agarrándose bien fuerte a los componedores y tipos se pusieron a organizar el III Encuentro. Lola y Antonio de Animatipia y Juanjo, Eva, Roberto, Vero, José Ramón, Nicolás y Raquel de los Plómez comenzaron a pensar como hacerlo este año, preparando, no sin ciertas dificultades, un programa de actividades mucho más extenso e intenso, nada más y nada menos que cuatro días de tinta y plomo, reservando el primero y último día al papel impreso en forma de incunables, catálogos y otras joyas bibliográficas. Este año pude por fin conocer personalmente a Jesús Morentín, Yago Bolivar, Vero Gorri y a Paco Mora, así como reencontrarme con Lola Jiménez y Antonio Expósito, José Ramón Penela, Juanjo López, Roberto Gamonal, Eva de la Rocha, Eva Mengual, Lars Amundsen y Matthias Beck, Lola Espinosa y Xelo Garrigós. 

    Los talleres participantes del 10 al 13 de julio fueron: Animatipia (Collado Villalba, Madrid), La Familia Plómez (Madrid)La Seiscuatro (Valencia), Tipos en su tinta (Santa Cruz de Tenerife)Oficio (Burjasot. Valencia) Mecana Sans (Alicante), Bunkertype (Barcelona), PMPGRAFIX (Albacete), Imprenta Artesanal Marvel (Alcalá la Real. Jaén) y Christian Granados de la LCC-UAL de Londres.

    José Ramón Penela fue el encargado de darnos la bienvenida en nombre de los organizadores y pasó a presentarnos al bibliófilo y pendolista Javier García del Olmo que nos mostró algunas piezas de su colección personal, que son muchas y extraordinarias. Nos dejó tocar y remirar una página de Las Crónicas de Núremberg, un incunable impreso por Anton Koberger en 1493 (una experiencia inenarrable), también nos enseñó una impresionante obra de Leon Curmer de 1890 y entre otras curiosidades tipográficas, un raro ejemplar del libro La Typographie de Marcel Valotaire de 1930 y diversos y muy interesantes catálogos de tipos de fundiciones francesas, portuguesas y españolas. Al finalizar, Christian Granados , uno de los participantes, nos mostró algunos catálogos de tipos ingleses de su colección, con tipos raros, interesantes y desconocidos por mi.





    
   Para el fin de semana, la propuesta consistía en la realización de un libro impreso en el que cada taller se encargaría de imprimir una página del mismo y del que se haría una tirada de 18 ejemplares. Y a pesar de contar con dos días para hacerlo, la actividad tuvo que dividirse entre el taller de los Plómez en Madrid y el Centro Cultural Peñalba de Collado Villalba, donde nos esperaba una más que agradable sorpresa.

Paco Vela realizando un tiro en la prensa tipo Stanhope de Animatipia. 


    
     Que como pueden ver en la fotografía era una prensa tipo Stanhope, fabricada por Amos dell`Orto en Monza en 1857, y que habían adquirido y traído desde Italia Animatipia hacía unos años y que habían cedido al Centro Cultural para su exposición. Como podrán imaginar, tener a nuestra disposición una pieza de museo para realizar nuestras impresiones fue memorable. La actividad desarrollada durante los dos días fue intensa y llena de emociones. Lo cierto es al ver a otro impresores ejecutar su trabajo uno aprende y mucho.


Vero Gorri manipulando el trabajo realizado durante el Encuentro. Foto Juanjez López.

    
    El encuentro concluyo el lunes 13 con una visita a la Biblioteca Histórica "Marqués de Valdecilla" de la Universidad Complutense de Madrid, en la que además de visitar el edificio y el magnífico taller de restauración que tienen, pudimos ver algunos libros especialmente preparados para nosotros, que como podrán imaginar tenían como nexo común la imprenta. 




   
    Así pudimos ver (que en esta ocasión el tocar estaba prohibido) un ejemplar completo de la Crónicas de Nuremberg, de Anton Koberger que, como dije antes, imprimió en 1493. Un libro impreso en Sevilla por Jacobo Cromberger en 1510, en mi opinión el más grande de los impresores alemanes afincados en España en el comienzo de este arte en la peninsula. También un curioso libro impreso en el taller veneciano de Aldo Manuzio en 1512 y que tenía escrito, de su puño y letra, que pertenecía al inmortal Francisco de Quevedo. Un pequeño libro de bolsillo titulado Russia seu Moscovia itemque Tartaria, impreso en 1630 en la oficina Elzeviriana de Leiden, por el holandes Abraham Elzevir, tercera generación de los Elzevir y responsable de la fama y calidad de los libros que a partir de entonces salieron de la Ex Officina Elzeviriana. Tambien pudimos contemplar un ejemplar de La Conjuración de Catilina y la guerra de Yugurta de Salustio, impreso por Joquín Ibarra en Madrid, en 1772, o el libro Crispus Sallustius, impreso en Birmingham en 1773 por John Baskerville y alguno más que no anoté, sobre todo por que a partir de aquí yo ya no estuve para más libros, pues tuve la inmensa fortuna de poner tener entre mis manos un ejemplar de uno de los primeros libros impresos en la Granada recién arrebatada a los andalusíes, era el Arte para ligeramente saber la lengua araviga, escrito por fray Pedro de Alcalá, e impreso por Juan Varela de Salamanca en 1505. Para un amante de la historia de la imprenta y además granadino ¿pueden imaginar algo más emocionante?.




    El Encuentro concluyó con una visita a la Imprenta Municipal delAyuntamiento de Madrid, en la que contamos con las explicaciones de José Bonifacio Bermejo, su Director. Un buen punto y final para un encuentro donde la IMPRENTA, así, con mayúsculas, fue la responsable de que la sensación que todos y cada uno de nosotros nos llevamos a nuestro taller no haya podido ser más positiva.


lunes, 24 de agosto de 2015

Demasiado tarde para desaparecer



   Cuando a finales del siglo XX la mayoría de las imprentas comenzaron a aventurarse en nuevas técnicas de composición e impresión, desplazando progresivamente todo lo relacionado con la tipografía, ni cajistas ni impresores intuyeron lo que se les venía encima, la linotipia primero y el offset después, iban a marcar definitivamente el devenir de un oficio que llevaban realizando muchos años y que antes habían visto hacer a sus maestros, nadie pudo imaginar que aquello era el principio del fin. 

El cajista Samuel Langhorne Clemens, conocido por todos nosotros como Mark Twain, hacia 1852. 

     
     Un cataclismo que no quisieron ver pero que, apenas unas décadas después, con la llegada de los primeros ordenadores e impresoras digitales a las Artes Gráficas acabaría arrollándolos en los últimos años del siglo pasado. Esto supuso, a mi entender, un punto de inflexión en un oficio tal y como se había conocido durante más de 500 años, y representó una transformación de la misma magnitud que la vivida en las imprentas durante el siglo XIX, cuando las prensas "Stanhope", la generalización del uso de "rodillos" (que para quién lo desconozca por aquel entonces se fabricaban mezclando cola y miel) y finalmente la linotipia, modernizaron e industrializaron los procesos de impresión y composición. No me cabe duda de que la Edad Moderna de la Imprenta en España fue resultado de la secuencia histórica conocida como revolución liberal, que además de la tecnificación, supuso el definitivo cambio en la mentalidad de los empresarios del sector gráfico, espoleado por un aumento de la alfabetización en una población que a partir de entonces comenzaron a demandar sus impresos.

Linotipias en la sala de composición de un taller portugués en 1950.






   
    Pero no crean que esta ruptura con el pasado, se vivió en las imprentas tipográficas comerciales con tristeza, más bien fue todo lo contrario. La mejora en la eficiencia y rentabilidad que suponían los nuevos procedimientos gráficos fue para todo el mundo un motivo de alegría, desde el aprendiz al propietario. Los cajistas, poco a poco, fueron mejorando sus condiciones de trabajo con la llegada de la linotipia, para acabar siendo los responsables, en todos los talleres, del manejo de las fotocomponedoras primero y los ordenadores después, liberando a tan legendario oficio de su pesada y poco salubre actividad. A su vez, los maquinistas dejaban, por fin, de tener que ser a la par que buenos impresores, mejores mecánicos, y los talleres comenzaron a ser lugares ordenados, limpios y luminosos, pues las nuevas máquinas y tecnologías requerían unas instalaciones muchos más amplias de las que hasta entonces habían necesitado ninguna imprenta tipográfica. Convirtiendo las Artes Gráficas en una actividad dinámica, tanto por su capacidad de incorporar adelantos técnicos, como por su incidencia social en la vida de pueblos y ciudades. Esta pujanza en las imprentas supuso a la vez la modernización  y el abandono del antiguo oficio, dictando, de paso, la suerte que corrieron cajas, minervas y demás elementos tipográficos, que en el mejor de los casos fue el arrinconamiento, cuando no directamente la venta a chamarileros o chatarreros.

Curiosa modificación de la prensa Ruggles reconvertida en planocilíndrica en un taller americano hacia 1906.


    

     Los hechos antes narrados no crean que son viejas historias sacadas de legajos o antiguos documentos, estos acontecimientos apenas hace treinta años que sucedieron y sin embargo parece que han pasado siglos, la velocidad de los avances en la tecnología digital nos alejan de ese pasado de manera exponencial a cada año que pasa. De manera que el avance inexorable del tiempo ha propiciado que, en ese breve espacio de tiempo, la mayoría de los talleres de imprenta que tuvieron en la tipografía su seña de identidad hayan, literalmente, desaparecido. 

    Por eso, el empeño en España por recuperar la imprenta tipográfica adquiere un valor excepcional y maravilloso. Por una parte porque por la edad, la mayoría de quienes andan en el intento son personas que se manejan con más soltura entre smartphone, ipad y ordenadores digital que entre utensilios tipográficos y por otra porque ya son poquísimos los talleres tipográficos a los que recurrir para conseguir material, máquinas o simplemente el consejo de un antiguo maestro. 

   ¿Hemos llegado demasiado tarde?, yo creo que no, pues es bien sabido que ante la adversidad el ser humano se crecen, encuentran soluciones a los problemas y los obstáculos son salvados con imaginación y perseverancia, además y para nuestra suerte no todo iba a ser zozobra, pues la finalización de la actividad de las imprentas en nuestro país, por jubilación de su propietario, supuso en muchos casos que los talleres quedaran tal cual fueron cerrados por sus dueños, viendo como ese material desechado y almacenado en lo más profundo de las imprentas han pasado a ser cotizadísimas  piezas anheladas por esto "buscadores de tesoros" en los que se han convertido muchos de los nuevos impresores tipográficos. 

 III Encuentro de Impresores Tipográficos. Madrid 2015 - Fotografía Paco Mora.



    

     Esta podía ser muy bien la génesis de los Encuentros de Impresores Tipográficos que se han celebrado en España y que sin duda van a ser el punto de partida de una historia que ha conseguido, por lo pronto, que la imprenta tipográfica no desaparezca y que tengan en sus manos el futuro de este antiguo arte. 

jueves, 25 de septiembre de 2014

Imprimiendo Recuerdos

   

   Últimamente estamos desarrollando proyectos y actividades dirigidos a la difusión y divulgación de la imprenta tipográfica, mediante talleres, conferencias, ferias, etc... Por lo que nuestra respuesta a la propuesta que nos hicieron los responsables del Centro María Zayas de Belicena (Granada), sobre la posibilidad de organizar un taller dirigido a los residente en este centro con motivo del Día Mundial del Alzheimer 2014, no fue otra que la de aceptar.

   Para la ocasión, la Imprenta Artesanal Marvel imprimió un cartel tipográfico con una tirada de seis ejemplares y del que se hicieron fotocopias para difundir la actividad entre residente y familiares.

     Nunca antes habíamos trabajado con mayores, por lo que ni nos imaginábamos que aquellas mujeres y hombres pudieran aportarnos tanto. Se acercaban con timidez y recelo ante tanto objeto extraño, pero en cuanto les invitábamos a que fueran cogiendo las letras de las distintas cajas para componer sus recuerdos, la timidez se trasmutaba en curiosidad ante los tipos de madera, y el recelo en asombro cuando les animábamos a fueran ellos los que realizaran la impresión en la sacapruebas, resultaba entrañable ver la ilusión en sus caras al ver sus recuerdos impresos. Esta claro que la imprenta tipográfica mantiene intacta la magia  después de más de 560 años de vida.

   Siendo el Alzheimer un desorden progresivo, degenerativo e irreversible del cerebro que causa debilitación, desorientación y la muerte intelectual de la persona que lo padece, era imprescindible intentar recuperar los recuerdos entre quienes aun los mantiene y dejarlos impresos con tipos móviles.



    De manera que durante todo el día los residentes estuvieron componiendo con sus propias manos esos recuerdos utilizando para ello antiguos tipos de madera, que luego fuimos imprimiendo en una sacapruebas. Una vez impresas las hojas de papel fueron colocadas en el “Muro de los Recuerdos” para que de este modo, tanto residentes como visitantes, pudieran realizar un ejercicio de  memoria colectivo recordando su significado y compartiéndolo entre ellos.

 
   Ahora que la imprenta digital está haciendo que los antiguos sistemas de impresión estén dejando de formar parte del imaginario colectivo, queríamos reivindicar la vigencia de este antiguo oficio uniéndolo a los recuerdos de nuestros mayores en un intento de hacer perdurar su memoria y la de la imprenta tipográfica.


   No quiero concluir esta reseña sin agradecer a todo el personal del Centro María Zayas, con su directora a la cabeza, la amabilidad, colaboración y facilidades para llevar a cabo este magnífico taller.



jueves, 4 de septiembre de 2014

Manuel Serrat Crespo (1942-2014)

     El primer trabajo tipográfico que con pretensión de serlo realizamos en la Imprenta Artesanal Marvel fue un librito titulado 12 Haykus de Manuel Serrat Crespo. Un autor nacido en Barcelona y que debió de resultar un gran desconocido para la mayoría de los visitantes del blog, pero que en realidad era una personalidad en el mundo literario desde hacía muchos años, no solo como poeta y escritor, que lo era y bueno, sino como divulgador de la cultura de países del África francófona y sobre todo como traductor del francés, el hecho de que fuera condecorado como Caballero de las Artes y las Letras francesas, y nombrado miembro de honor del Consejo Europeo de Traductores Literarios no deja lugar a dudas.




    A Manuel Serrat lo conocí al tiempo que a su mujer Agnès Agboton, una filóloga y narradora de cuentos y leyendas de tradición oral africana natural de Benin, presentados por mi cuñada la antropóloga africanista Marían del Moral Garrido el año 2006 en Ribera Alta (Alcalá la Real-Jaén).

    No recuerdo exactamente, pero creo que fue al año siguiente, durante su estancia en la casa rural “Callejón de la Pajota” en Frailes (Jaén), cuando surgió la idea de imprimir con tipos de plomo una selección de los haikus que había escrito para el libro Maruyme, diario de viaje. Una obra muy recomendable para los amantes de la poesía y que además encierra una simpática curiosidad, pues mezclando con habilidad datos reales y ficticios creó al poeta japonés Maruyme, un personaje que aparece catalogado como autor en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos así como en la Biblioteca Nacional de España, algo parecido a lo que ocurrió con el pintor catalán Torres Campalans, un personaje inventado por Max Aub que llego a aparecer en varias enciclopedias de arte como un enigmático pintor cubista.    








    De aquel impreso guardo muy buenos recuerdos pese a no resultar nada fácil combinar los fotopolímeros con los tipos de plomo, pues fue el propio Manuel quién se empeñó en que aparecieran juntas las traducciones al japonés junto a los Haikus, las páginas quedaron perfectamente equilibradas gracias a las manchas y el color de los distintos bloques, o de cómo el “accidente” de intentar imprimir con tinta blanca, sin previamente haberla mezclado con tinta plata, le aportó a la portada una textura y calidad impensable. El trabajo fue complejo pero el resultado nos dejó muy satisfechos a los dos.


    Manuel Serrat falleció hace unos días y el dolor ante la perdida de este gran intelectual ha sido tremenda, teniendo muy presente a Agnes quién sin duda difícilmente podrá encontrar en este pequeño homenaje algo de consuelo. 

viernes, 18 de abril de 2014

CRÓNICAS COREANAS - 대한민국 (último día)



DÍA 6-  30 de septiembre, lunes.
De visita cultura e institucional, compras, visita panorámica y despedida


        Sobre el papel, el día se presentaba interesante, pues el programa incluía la visita al Museo Daelim, la Feria internacional de la tipografía Typojanchi, una entrada para asistir a la representación de la obra MISO, una pieza de teatro tradicional coreano, y sobre todo la visita al Servicio Coreano de Cultura e Información (Ministerio de Cultura) responsables de mi presencia en este país.



   Para explicar lo que aconteció este día voy a tirar del refranero, hay uno que dice: “El hombre propone y dios dispone”, ya que casi todo el programa, debido a unos cambios de última hora, sufrió una completa modificación, de las actividades previstas solo se mantenía la visita al KOCIS, el resto se cambiaban. Otro refrán muy conocido dice: “No hay mal que por bien no venga”, de manera que lo que se presentaba como una catástrofe, acabó permutándose en un magnífico día, cambié un museo por el Palacio Real de Seúl, una obra de teatro por una visita turística de lo más apetecible y la feria de la tipografía por una visita a un taller de encuadernación artesanal donde, por fin, pude hacerme con un facsímil del Jikji. Que más podía pedir, tras unos días intensos, hoy sería uno más de los miles de visitantes que en esta época del año pasean por Seul.


   Por suerte, el hotel Plaza se levanta muy cerca del Km. 0 de Corea, que se encuentra en el centro de la Avenida Sejong, que va desde la Puerta Namdaemun a la Puerta Gwanghwamun en el Palacio Real, por lo que en este caso apenas tuvimos que recorrer unos cientos de metros para llegar a nuestro primer destino del día. Mientras recorríamos la avenida y teniendo como fondo el monte Bugaksan, pude ver la enorme estatua del Almirante Yi Sunshi, un héroe nacional que venció a los japoneses a finales del siglo XIV y la del Rey Sejong “El Grande”, bajo cuyo mandato se instauró el uso del alfabeto Hangul como idioma oficial en el país, abandonando el uso del chino.

   El Palacio Real es un amplio complejo palaciego construido en 1395 por el Rey Taejo, primer monarca de la dinastía Joseón, cuando Seúl fue designada capital de Corea. Desgraciadamente ha sufrido los avatares de la historia coreana, fue destruido en 1592 durante la primera invasión japonesa y reconstruido en 1867. En 1910, tras la colonización japonesa, fueron destruidos más de 500 edificios del palacio. Lo que hoy vemos es el resultado de la última restauración comenzada en 1990 y que al día de hoy continúa como pude comprobar. Para mi guía, este palacio, es sin duda el más grande y bonito de los que se conservan en Seúl, que creo recordar me dijo que eran cinco. Con las entradas mi acompañante compró una pequeña guía, con la que fue narrándome algunas historias de los distintos palacios y lugares conforme los visitábamos. El recorrido resultó relajado y muy interesante dado que nunca había visitado un palacio de este tipo.

  Accedimos al recinto por una entrada situada a la derecha de la Puerta Gwanghwamun, por lo que comenzamos nuestra visita al Palacio Real por detrás de la misma, es cuanto menos curioso ver el contraste entre esta antigua puerta y los modernos rascacielos que sobresalen tras ella, aunque creo que es una buena metáfora de Corea, haber sido capaces de conjugar tradición con modernidad.


   El Pabellón Geunjeongjeon, o Salón del Trono, es la construcción más importante del recinto y es necesario traspasar dos puertas para llegar a este edificio. La segunda puerta, que se llama Geonjeongmun, era el lugar destinado a realizar los saludos formales al rey y desde donde eran leídos los edictos reales. En el patio, que hay después de esta puerta destacan dos hileras de doce piedras en el suelo, que reciben el nombre de Pumgyeseoks y que indican el lugar donde los oficiales de la corte tenían que permanecer de pie durante las ceremonias.


   Los dos patios están rodeados de corredores abiertos y a ambos lados se levantan pabellones que eran utilizados como biblioteca por el rey y el príncipe. Según me explicaba, esta es la construcción más grande, realizada en madera que ha llegado casi indemne a nuestros días. En la balaustrada de piedra que rodea el edificio se conservan algunas esculturas también antiguas, el resto fue restaurado tras la invasión japonesa.


   Tras ver este emblemático edificio pude ver el Pabellón Gyeonghoeru o Salón de Banquetes, lo llamativo de este edificio es que está construido sobre un estanque artificial de forma rectangular, el pabellón es sencillo destacando las columnas de piedra sobre las que se levanta, además su entorno es maravilloso.


   Y como lo mejor siempre se reserva para el final, poco antes de concluir nuestra visita me topé con un precioso estanque repleto de plantas de loto, con el Pabellón Hyangwonjeong construido sobre una isla artificial en el centro. El palacete es hexagonal y fue edificado en 1456. Un lugar ideal para pasear y meditar apenas a un centenar de metros de la gran urbe que es Seúl, por lo que este espacio es un verdadero oasis.


   Apenas un descanso para refrescarnos con un magnifico té frío y de nuevo en marcha, pues la hora de la reunión con los responsables de mi visita a Corea se nos echaba encima.


    Salimos del Palacio Real y en apenas unos minutos, el coche se detenía a la entrada del edificio del Servicio Coreano de Cultura e Información (KOCIS),en cuya entrada nos esperaba la responsable de la empresa encargada de haber hecho posible que mi viaje se hubiera desarrollado a la perfección ella se encargó de acompañarme al despacho del Director de la División de Promoción Cultural, el señor LIM Jeong Hwan, que me estaba esperando acompañado de la señora Han Hyeon Kyeong, la Subdirectora de la División, con ellos departí durante cerca de una hora sobre mis impresiones del viaje y los lugares visitados. Al finalizar la reunión les hice entrega de diversos presentes traídos desde España, mientras que ellos me obsequiaron con diverso material promocional y un sello con mi nombre realizado en jade. Tuve ocasión de decírselo personalmente, pero no puedo dejar pasar la ocasión de mostrar públicamente al Gobierno Coreano, a través del Ministerio e Cultura, el haber hecho posible el sueño de conocer en persona los lugares que forman parte de la historia de la imprenta.


   Finalizado este encuentro oficial, y de una manera más informar, compartí con ellos el almuerzo en un restaurante europeo que se encontraba muy cerca y al que fuimos andando. Durante la comida, y sabiendo que había nacido en Jaén y que residía en Granada, mostraron mucho interés en saber algo más de estas dos provincias que nunca había visitado, aunque de Granada, gracias a la Alhambra, si que sabían algo más. Les llamó mucho la atención saber que la Provincia de Jaén era la primera productora mundial de Aceite de Oliva, un producto que conocían pero que eran incapaces de situar su origen en el mapa de España. Si me comentaron que conocían Sevilla, además de Madrid, Barcelona y que ella, además, había estado en Córdoba.


   Y hablando de alimentación, es curioso, pero después de cinco días comiendo platos coreanos, ya tenía ganas de "hincarle" el diente a un buen trozo de pan y en este local por fin lo pude hacer. El restaurante estaba decorado a la europea, aunque debería mejor decir a la belga, pues el propietario y cocinero era un belga casado con una coreana. Todos los camareros eran coreanos, así como todos los comensales que a esas horas llenaban su local, por lo que al enterarse que había un español en su local quiso acercarse a saludarme, lo genial fue que hablaba muy bien el castellano pues había vivido y trabajado unos años en la Islas Baleares. Me dijo que tenía una carta con platos españoles, franceses, alemanes o italianos adaptados al gusto coreano y que tenía una bodega en la que había vinos españoles de la Rioja. Sin desmerecer a los otros restaurantes coreanos, hoy estaba como “en casa” por lo que el almuerzo fue especialmente placentero, ¡ah! se me olvidaba, y con postre incluido. La sobremesa fue especialmente agradable, de modo que para cuando salimos del establecimiento eran ya las cuatro de la tarde.


   Tras despedirme de mis anfitriones, el resto de la tarde la dedicaríamos a recorrer una de las zonas comerciales y turísticas más visitadas de Seúl, la calle Insadong, puede que a simple vista no se diferencié del resto de calles de la zona, pues todas están llenas de comercios, lo que escapa a la vista occidental es que cada una de ellas esta, como diríamos, especializada en determinados productos, e Isadong reúne la mayoría de comercios de antigüedades y souvenirs de la ciudad. De modo que tanto Insadong como las callejuelas que desembocan en ellas son un autentico paraíso para el turista y una pesadilla para el comprador compusivo. Aquí se pueden encontrar casi de todo, desde productos artesanales realizados en papel o madera, a cerámica, antigüedades y algunos libreros de viejo, en una de estas tiendas estuve ojeando antiguos libros coreanos, la sorpresa fue que al preguntar el precio de uno impreso en el siglo XIX con unas xilografías muy bonitas, el dueño le dijo a mi guía que estaba prohibida la venta a extranjeros, y que el incumplimiento de esta norma acarreaba penas de cárcel tanto para el comprador como para el vendedor, por lo que un poco decepcionado salimos de aquel establecimiento, sin saber que había otros donde era posible adquirir facsímiles de muchas de estas obras.
   A continuación entré en una pequeña tienda especializadas en material para caligrafía tradicional, con una variedad increíble de pinceles y papel tradicional coreano "Hanji" no sólo blanco y de color, sino también estampado, era un local atestado hasta el techo de todo tipo de productos, libros de arte y con una pequeña mesa al fondo en la que apenas quedaba un pequeño hueco libre, las mismas pilas de papel de la entrada servían de mostrador sobre el que me fue mostrando distintos papeles, finalmente compre unas pocas hojas de un papel de una textura y un gramaje superior al que había visto durante la visita al taller de Paju y en el Festival del Tripitaka.


   Insadong tienes, además, otra curiosidad para los visitantes extranjeros y es la proliferación pequeños puestos donde realizan delante de tus ojos un dulce de miel llamado kkultarae que podría traducirse por "madeja de miel", unos pequeños pasteles que en la antigüedad se elaboraban exclusivamente para como postré para el rey y que ahora podíamos probar rellenos de un triturado de nueces o almendras. No obstante, lo curioso de este postre, es ver como se elabora la madeja de miel, pues partiendo de un bloque sólido, los artesanos eran capaces de estirarlo y cruzarlo sumergiéndolo a cada vuelta en una finísima harina de maíz, hasta obtener, según las cuentas que hacían delante de ti, una madeja de 16.000 finos hilos de miel que luego cortaban y con los que envolvían el triturado de frutos secos, de este tipo de puestos había varios a los largo de la calle y los paseantes terminaban atrasados por la cantinela de los miles de hilos de miel.
 
   A poco metros, una larga fila de coreanos llamó mi atención, estaban frente a un comercio con decenas de unos enormes barquillos de maíz en forma de bastón colgando en su fachada, según me dijo mi acompañante eran para un tipo de helado muy popular en Seúl, la verdad es que ver a las personas con aquellos barquillos rellenos de un helado de crema era divertido.

   Desde luego que en esta calle había de todo, pero tenía una singularidad, todos los locales de hostería y restauración se encontraban en la planta alta, mientras que los locales de la calle estaban reservados para los comercios.

   En una pequeña plaza que había a mitad de la calle nos detuvimos para comprar algunos recuerdos y tomar algo, lo hicimos en un local ciertamente singular, el nombre estaba, lógicamente, escrito en coreano pero yo creí ver unos dibujos de "mierdas" de perro, es más, en su interior encima del mostrador tenía unos "cerullitos" de tela que ya no daban lugar a dudas, le pregunte a mi guía y me dijo que la cafetería se llamaba "caca de perro" así, sin anestésia, y lo más curioso es que estaba lleno, pues para los coreanos los excrementos de perro traen buena suerte, es más junto al establecimiento había un puesto de gofres con forma de "cacas", sin duda una merienda escatológica. 
Eran las seis de la tarde y apenas habíamos recorrido la mitad de la calle, la culpa, que casi todos los comercios llamaban mi atención especialmente los de cerámica ya que Matilde es una enamorada de estos cacharros y la cerámica celadón coreana es realmente bonita.

    En un momento dado, mi acompañante recibió la llamada del Sr. Han Soo, que sí recuerdan era el dueño del Moveable Type Whorshop, la empresa de fundición tipográfica que visite el primer día, traía un obsequio para mi y quería entregármelo antes de que partiera para el aeropuerto, por lo que quedamos junto a un establecimiento de antigüedades propiedad de un amigo suyo. Estábamos esperándolo cuando pasaron dos señores con unos grandes anuncios colgados a las espaldas uno de ellos, además, arrastraba un equipo de megafonía, por que si en algo destaca esta calle es en la cantidad de personas que la transitan, tanto es así, que incluso dispone de unos informadores turísticos para ayudar a los visitantes. Como decía aquellas personas anunciaban que el catolicismo era la salvación, acostumbrados como estamos a los ritos y comportamientos de los religiosos en España, aquellas personas tenían algo de esperpentos, el caso es que en un país de mayoría budista, son estos últimos, los monjes budistas, los que guardan una compostura y tienen un comportamiento totalmente normalizado entre sus congéneres.

   Vimos acercarse al sr. Han con una cajita bajo el brazo, cuando llegó lo primero que hizo fue abrirla para enseñarme lo que era, pero con tan mala fortuna de hacerlo boca abajo, de modo que todos los tipos de plomo que traían terminaron por los suelos, menudo "pastel". Rápidamente nos pusimos a coger las letras y devolverlas a la caja, en aquella tarea incluso nos ayudaron desconocidos que estaban cerca de nosotros. Solucionado el problema y pasado el mal rato, nos invitó a entrar en el edificio junto al que nos encontrábamos, yo pensé que para enseñarnos alguna reliquia o antigüedad relacionada con la imprenta, pero cual no sería mi extrañeza al pasar de largo y seguir hasta el segundo piso. Allí se encontraba un taller de encuadernación artística que realizaba ediciones facsimilares de antiguos libros coreanos, entre los que se encontraba el Jikji, del que sólo le quedaba un ejemplar y que amablemente me mostró para que pudiera verlo, aquello era emocionante, una edición que incluía los dos volúmenes, tanto el del xilografía como el de tipografía. Su propietario era un señor mayor que no levantó la vista del trabajo que estaba realizando, supongo que la edad tiene eso, alcanzó el ejemplar del Jikji y se lo entrego al Sr. Han.
   

   Me encontraba hojeándolo cuando le comentó a mi acompañante algo sobre el libro, me quede mirándolos algo intrigado, Jeon, me preguntó que sí lo quería, a lo que asistí con la cabeza, no pudiendo esconder mi ilusión, ¡tener un ejemplar del Jikji!, esa sí que era una inesperada sorpresa, sin aquel buen amigo yo creo que ni se me hubiera pasado por la cabeza entrar a un lugar como aquel a curiosear entre centenares de volúmenes que ni entendía ni comprendía, de haber llegado por un error, no me cabe duda de que hubiera dado la vuelta.
 
   
   Como culminación al viaje pienso que no podía pedir nada más, el Jikji me llevó a Corea y yo regresaba de ese país con un facsímil impreso artesanalmente de tan maravilloso libro.
   
   Para terminar mi estancia en Seúl, me propusieron realizar una visita panorámica a la ciudad, el lugar elegido se conoce como Bulgak Palgakjeong, un palacete octogonal con un espectacular mirador que fue construido en el año 1968 en la montaña Bugak, justo encima del Palacio Real, un lugar turístico para los habitantes de la ciudad, pues los autobuses tiene el acceso restringido. Las vistas eran impresionantes, de derecha a izquierda uno podía ver la enormidad de esta moderna ciudad.

Ya de camino al aeropuerto nos detuvimos en un restaurante de las afueras de Seúl para realizar la que sería la "última cena" en Corea, en este caso el local era de los que tenía una pequeña barbacoa en la misma mesa yo, la verdad, no tenía mucho apetito por lo que sólo pedí una ensalada, pero mis acompañantes no dejaron pasar la oportunidad de dar cuenta de una buena ración de ternera, panceta, col y unas hojas de lechuga, en este local viví la última anécdota de mi viaje pues, ante la necesidad de aligerar la vegija, pregunte donde estaba el aseo y al llegar pude ver dos puertas con unos letreros colocados encima que a buen seguro indicaban el género de las personas a las que estaban destinados, pero claro, al estar escrito en coreano, ¿dónde entrar? entonces recordé el chiste de "al fondo a la derecha" y esa puerta fue la que abrí, se ve que esta colocación es universal pues acerté.

Ya en el aeropuerto y tras las despedidas de rigor al conductor, pasé al interior con Jeon Hyuk, quien me ayudo con los trámites de embarque, sobre todo por sí tenía problemas con los tipos de plomo y la pieza se bronce. Tras despedirme de Jeon y embarcado en el avión me dispuse a regresar a España, el vuelo de regreso fue más tranquilo y las once horas que tenía por delante me sirvieron para reflexionar sobre la semana que había pasado en ese maravilloso país que es Corea.