miércoles, 2 de noviembre de 2016

Una editorial con mucho plomo



   Si ya es una suerte que la Oficina Tipográfica Marvel sea considerada como un taller medianamente digno de llamarse imprenta, el hecho de que nos tengan por una editorial artesanal yo creo que es lo máximo a lo que desde su comienzo pudimos aspirar. 

   De modo que cuando recibimos la invitación del Museo Etnográfico de Castilla y León para participar en el I Encuentro de Editoriales Artesanales, sentimos una especie de vértigo del que tardamos varios días en recuperarnos. El hecho de sentir el libro impreso como una de nuestras señas de identidad, no impide que pensemos que el nombre de editorial artesanal nos viene un poco grande. 

   Ahora bien, lo cierto es que como dicen desde el propio Museo: Resulta curioso que en el mismo momento en que los grandes grupos editoriales están redactando la necrológica definitiva para el libro impreso, otros grupos -de personas, no de empresas- se lanzan a la aventura de editar en diferentes formatos, en diferentes soportes o para diferentes públicos desde una perspectiva artesanal.

   En nuestro caso, desde los primeros impresos realizados en el año 2009, siempre tuvimos la vocación de que los mismos fueran considerados una obra seriada, en parte por la reducida tirada y también por la influencia con la edición de obra gráfica, con la que compartíamos muchos de sus aspectos formales. Porque a decir verdad lo de libro es una palabra que, a quienes nos hemos dedicado muchos años a imprimirlos en talleres comerciales, adquiere un significado muy alejado de lo que en el taller de imprenta artesanal ahora estábamos haciendo, porque como puede leerse en el Diccionario de la Lengua Española: Libro es un conjunto de muchas hojas y si de algo carecen nuestras ediciones es precisamente de muchas hojas.

   Personalmente me gusta pensar que un libro es algo tan simple como: Una obra impresa en una serie de hojas de papel unidas por un lado y protegidas con una cubierta, más que nada porque en este caso nuestras ediciones se ajustan al pie de la letra a la definición anterior, en cuyo caso verdaderamente podemos considerarnos editores de libros.


   Para esta ocasión hemos impreso un cartel con un texto de Martin Luther King que deja claro que la determinación de una persona está por encima de cualquier obstáculo, algo parecido a la actitud de la que los nuevos editores artesanales hacemos gala ante la realidad de este mundo digital.

   El I Encuentro de Editoriales Artesanales se va a llevar a cabo el 18 y 19 de noviembre de 2016 en el Salón de Actos y la Biblioteca del Museo, un lugar, por cierto, que alberga una pequeña sala de impresión de lo más original en la que han realizado alguna que otra actividad impresora, esperamos no defraudar a los organizadores y sobre todo que el público asistente pueda disfrutar con unos libros que nunca antes habían visto, tocado y olido, porque tengo que decirles que nuestros libros huelen a imprenta.

viernes, 15 de julio de 2016

La Imprenta es la lengua de la imaginación






   Ahora que andamos de celebraciones del 400 aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes, me ha parecido adecuado parafrasear lo que de su mano le dijo Don Quijote al Caballero del Verde Gabán, que "la pluma es la lengua del alma". Porque creo que tanto la "pluma" como la "imprenta" han sido los instrumentos de los que los creadores se ha valido para plasmar en papel lo que de otro modo quedaría en algo etéreo.

 "III Encuentro de Impresores Tipográficos" - Homenaje tipográfico al Futurismo

    La imprenta, evidentemente, con un recorrido mucho más corto que la escritura pero con una función esencial en la difusión y universalización de la CULTURA, no habría llegado a donde ha llegado sin el influjo de las modas y los cambios sociales acontecidos a lo largo de su historia, y uno de esos emocionantes momentos fue, sin duda, la irrupción en el mundo del libro del FUTURISMO, del que Macel Duchamp llegó a decir que una de sus aportaciones fundamentales fue esa suerte de "impresionismo mecánico" en los libros impresos.

   Lo que entonces era futurista hoy se nos antoja ingenuo, con el uso los tipos "en movimiento" o las letras humanizadas tan del gusto de El Lissitzky. Pero es lo que tiene el paso del tiempo, que lo novísimo se convierte en antiguo al día siguiente. Sin embargo, al contemplar alguno de los trabajos de Deperó, Marinetti, Mallarmé o Balla, uno puede imaginar el impacto que sus libros debieron de causar entre sus coetáneos, aquellos alardes tipográficos eran sin duda de la más autentica modernidad y un horizonte en el que fijar sus ojos las vanguardias poéticas del pasado siglo. 

   Filippo Tommaso Marinetti fue el que dijo que "había emprendido una revolución tipográfica dirigida contra la brutal y repulsiva concepción tradicionalista y dannunziana del libro" "dirigida contra la llamada armonía tipográfica de la página, que resulta contraria al flujo y al reflujo, a los brincos y a los estallidos del estilo que fluye por sus páginas. Por tanto, en una misma página, usaremos tintas de tres o cuatro colores diferentes, e incluso 20 tipos de letras distintos, si es necesario. Como las cursivas para la sensación de velocidad y la negrita redonda para las onomatopeyas violentas..." De modo que la tipografía se librara de la función de esclava de la escritura y pasaba a ser parte esencial de la obra literaria, al mismo nivel que el texto.

   Marinetti lo que buscaba, en el fondo, era el renacimiento de la imprenta, aunque para ello fuera necesario destruir lo hecho antes. En su Manifiesto del futurismo llegó a decir. "¡Que vengan, pues, los alegres incendiarios de dedos carbonizados! ¡Aquí están! ¡Aquí están...! Vamos, ¡prended fuego a los estantes de las bibliotecas...! ¡Desviad el curso de los canales para inundar los museos...!", eso si que era radicalidad. Aquel movimiento prendió en medio de grandes avances tecnológicos, un momento en el que los periódicos en su apogeo, el fonógrafo, la radio o el cinematógrafo amenazaban aquella sociedad, siendo la respuesta del momento, cómo era de esperar, de total rechazo.

   Lo que ellos llevaron a cabo fue una autentica "revolución tipográfica" regenerando la página impresa mediante la utilización del tipo de plomo y los cuerpos con un uso expresivo. El libro "Zang Tumb Tuuum. Andrianopoli octtobre 1912. Parole in libertá" de Marinetti, sigue siendo un referente del futurismo, aunque como él mismo dejo escrito el verdadero artífice de las innovaciones tipográficas de aquellas hojas impresas, fue el tipógrafo Cesare Cavanna de Milán.

   No quisiera dejar de lado una de las cuestiones clave para que el futurismo fuera tan injustamente menospreciado, los vínculos entre futurismo y política, especialmente la relación, un tanto ambigua, de Marinetti con el fascismo de Mussolini. 

    "Palabra en libertad" fue la aportación definitiva del futurismo a libro impreso, siendo el virtuosismo tipográfico desarrollado por aquellos maestros impresores el impulso para movimientos rupturistas posteriores como el dadaísmo o el constructivismo.

    Y esta reflexión viene a cuento del trabajo desarrollado, este año, por los participantes en el III Encuentro de Impresores Tipográficos celebrado en Valencia el pasado día 30 de junio de 2016. Pues con el tema del futurismo han realizado diversas y originales reinterpretaciones de lo que fue moderno y rupturista en los años 20.



    Tomar entre mis manos uno a uno los impresos, despojándolos de su original y bella envoltura, introducir los dedos entre las cartulinas para acariciar con la yema de los dedos el relieve, las texturas y posar los ojos sobre las diversas interpretaciones "futuristas", argumentadas ocurrencias que se ofrecen ante mis ojos y que son una evocación, un magnifico homenaje a los tipógrafos que, hace ya 100 años, rompieron con la norma establecida para hacer algo nuevo.

   Estos especímenes fueron realizados por: Mecana Sans, Tipos en su tinta, Familia Plómez, José Ramón Penela, Oficio, Bunkertype, Sefa Villalbi y La Seiscuatro.


jueves, 24 de diciembre de 2015

Juventud y atrevimiento tipográfico

      Para quienes, como yo, hace años que superamos el medio siglo de vida, la energía y vitalidad de la juventud nos parece algo lejano, casi olvidado. Sin embargo, entre los recuerdos que me quedan de aquellos años mantengo el de la valentía y arrojo con el que me atrevía a hacer cosas que, visto ahora, siempre comportaban algo de riesgo, pero que hoy forman parte de mi experiencia de una manera enriquecedora y que sin duda tienen algo de responsabilidad en el modelado de mi yo presente.

     Gráficas Marvel ya ha vivido esta experiencia en varias ocasiones a lo largo de su dilata historia. Primero fue mi padre cuando, sin ningún conocimiento técnico del oficio de tipógrafo e impresor, decidió abrir un taller de imprenta. La segunda, cuando hará poco más de diez años, se le ocurrió, al que esto escribe, la idea de recuperar y poner en valor la vieja prensa"boston" y los arrinconados chibaletes, para volver a imprimir tipográficamente sobre papel en la Imprenta Artesanal Marvel. Y de nuevo vuelve a vivir la misma emoción a en los últimos días del año 2015, ahora de la mano y la decisión de la tercera generación de impresores de la familia, Tara Vega.  

     Aunque debo advertir que el proyecto con el que ella inicia su aventura tipográfica es, sin parangón.... ¡una locura!.


       

          Expresión Tipográfica, que así se llama este proyecto, ha surgido a raíz de una convocatoria de micro relatos, poesía e ilustraciones ideado por Tara Vega y para el que no ha podido tener una mejor ocurrencia que pensar que los mismos vean la luz, en forma de un libro impreso, en el taller familiar. Porque, no solo quiere componer e imprimir el libro en tipografía, algo ya merecedor de una impecable camisa de fuerza, sino que quiere que los propios autores de los textos participen en su composición e impresión. Junten a una docena de cajistas inexpertos con un numero similar de cajas repletas de tipos de plomo y aquello puede terminar con letras por todas partes menos en la galera.

       Eso si, cueste lo que cueste, el resultado final estará libre de erratas y la impresión será merecedora de los antiguos maestros impresores que durante cientos años acometieron similares empresas.  

       Para financiarlo acaba de presentar el proyecto en Verkami y ya lo tiene abierto para recibir la colaboración de quienes apuesten por que el mismo sea una realidad dentro de poco, y la Oficina Tipográfica Marvel se llene de jóvenes aprendices de cajistas, e impresores y ese penetrante y singular olor de la tinta recién depositada sobre las hojas de papel, que solo los antiguos libros tipográficos tenían, salga por sus puertas e inunde el pueblo de Alcalá la Real.




     Es hora de ceder el testigo tipográfico a esta tercer generación de impresores Marvel y dejar que sus proyectos devuelvan la vida al viejo taller familiar.

        Una verdadera y maravillosa locura que solo a una joven como Tara Vega se le podía ocurrir, ella tiene el valor más importante que se requiere para llevar a cabo esta idea: juventud y atrevimiento.  

      Que el viento le sea favorable, para llevar esta aventura tipográfica a buen puerto.


Si estas interesado en este proyecto, aquí puedes conocerlo más a fondo:
http://www.verkami.com/projects/13089-expresion-tipografica-un-libro-colaborativo

miércoles, 26 de agosto de 2015

La Neotipografía

     La consideración que poco a poco va teniendo el público de que las piezas que hoy salen de las nuevas imprentas tipográficas son un producto artístico, se debe en parte a la labor pedagógica que en los últimos años venimos realizamos al mostrar en Internet unos productos diferentes, bien ejecutados, con un discurso gráfico muy personal y diferenciado tanto del grabado como de la xilografía y la serigrafía. Me aterra pensar que todo se deba a un hartazgo de la monotonía digital o que sea consecuencia del movimiento que demanda la vuelta a la artesanía de los oficios manuales, pues entonces estaríamos perdidos, la imprenta tipográfica sería solo una moda. Seguramente habrá algo de todo y mucho de nada.


Obra de Francisco de Paula Martínez Vela de la Imprenta Artesanal Marvel
    
    De ahí que esta corriente neotipográfica sea en mi opinión tan importante, no solo porque está consiguiendo mantener viva la imprenta, sino porque esta aportando a las artes gráficas unos criterios artísticos en cuanto al uso y combinación de tipos de madera y metal, el uso del color y unas composiciones atrevidas fuera de toda regla convencional y especialmente digital. En mi opinión, el gran renovador en nuestro país ha sido, sin duda, Emilio Sdun, o al menos dejó su impronta en todos los que le conocimos y trabajamos con él, aunque en los trabajos que salen de los nuevos talleres ya se vislumbran asimismo las influencias de grandes tipógrafos españoles como Mauricio Ámster, Ricard Giralt Miracle, los poetas experimentales Joan Brossa y Felipe Boso o de artistas algo más desconocidos como el catalán Lluís Jou (ver atículo en unostiposduros), siendo también palpable la influencia en muchos de nuestro trabajos de los grandes tipógrafos europeos, o más actuales como el inglés Alan Kitching o el americano Amos Kennedy.


Algunas de las obras realizadas por Jesús Morentín de Bunkertype. Foto Jesús Morentín.

    
     Haber tenido la suerte de formar parte, desde el principio, del grupo de personas que se embarcaron en el intento de hacer renacer la tipografía como lenguaje gráfico y artístico, a la vez de haber sido de los últimos que aprendieron en una escuela el arte tipográfico en su vertiente comercial, me permite ver el asunto con una perspectiva diferente y reconocer que el éxito de la nueva tipografía es el triunfo de la radical alteración en el proceso de elaboración, lo que da un resultado formal al impreso nuevo y diferenciado de lo que podemos ver en el mercado gráfico.
    
     Pero para que la cosa no quedara en algo pasajero era necesario que los que estábamos trabajando, de manera casi monástica, saliéramos de ese anonimato, primero haciendo visible nuestro trabajo y luego generando la necesidad de consumo tipográfico por parte de los potenciales consumidores de este tipo de obra gráfica. De modo que cuando en 2011, y convocados por el impresor y bibliófilo cántabro Alastair Carmichael, se reunían en Santillana del Mar los impresores tipográficos Emilio SdunPaco CumpiánPepe AndradeJosé Manuel Martín Almeida y Francisco de Paula Martínez Vela, poco podíamos imaginar que aquello fuera el comienzo de nada, más bien parecía el encuentro de cuatro locos románticos que sentían pasión por un oficio antiguo y trasnochado. De aquel encuentro ya deje un artículo en este mismo blog (mayo 2011) en el que narraba las peripecias del mismo. 

Algunas imágenes de aquel encuentro en 2011.


   
    He de reconocer que el primer encuentro hubiera pasado casi desapercibido de no haber sido por la reseña aparecida en la web unostiposduros, fundamental para que los pocos impresores e impresoras que estaban comenzando o los diseñadores gráficos que habían puesto sus ojos en este oficio de cara a iniciar una nueva actividad, se dieran cuenta de que su elección no era algo aislado, que ya había otras personas imprimiendo artesanalmente en España, lo que, además de visualizarnos, nos facilitó los primeros contactos.

    La proliferación de talleres tipográficos artesanales, en apenas tres años, hizo que pasáramos de ser "cuatro gatos" a superar la docena de imprentas en funcionamiento por toda la geografía nacional. Aunque, todo hay que decirlo, gran parte del merito de esta multiplicación fue la idea de un grupo de jóvenes madrileños de hacer un crowdfunding para financiar la compra de una antigua imprenta, y que terminaron llamándose La Familia Plómez. Aquello fue una autentica revolución tanto en los medios de comunicación como entre los nuevos diseñadores gráficos que vieron en la imprenta tipográfica, lo que los impresores dejaron de ver hacía ya muchos años, y que animó a otros grupos o personas individualmente a iniciar su andadura tipográfica, rescatando, de paso, a algunos jóvenes impresores comerciales que todavía conservaban en sus talleres prensa y tipos de plomo, como es el caso de Miguel Morales de la imprenta cordobesa La GutenbergY claro, como lo primero que hace todo buen impresor tipográfico es abrir una web, blog, o página en facebook para comenzar a mostrar sus impresos, esto hizo más fácil el que pudiéramos conocernoshaciendo que los contactos fueron cada vez más fluidos e interesantes y que de aquellas conversaciones surgiera la idea de vernos personalmente y poder ver y tocar lo que andábamos imprimiendo. 

    Así que cuando Lola Espinosa, una de las primeras impresoras tipográficas que abrió taller en España y al que bautizó con el acertado nombre de Oficio, tuvo la feliz idea de organizar, en 2014, un nuevo encuentro de impresores tipográficos en Valencia, me faltó tiempo para decir que contaran conmigo. Aquel fue un encuentro entrañable y muy emocionante, al menos para mi, porque pienso que lo de conocerse a través de la red es extraño, casi siempre me hago una idea que difícilmente luego encaja con la persona real. Unos minutos hablando me muestran más de la otra persona que lo visto en cientos de entradas y envidiables fotos. Allí me reencontré con antiguos amigos como Alastair Carmichael y pude por fin conocer a nuevos como Lola Espinosa, Eva Mengual,  Xelo Garrigós y Jordi Sempere, Lars Amundsen y Matthias Beck, Marta Pina, Lola Jiménez y Antonio Expósito, Elies Plana y Gabriela Comba y a Juanjo López. 

    Los talleres participantes aquel 19 de junio fueron: Imprenta Carmichael-Alonso (Lloreda de Cayón. Santander), Oficio (Burjasot. Valencia),La Seiscuatro (Valencia), Mecana Sans (Alicante), Tipos en su tinta (Santa Cruz de Tenerife), Industrias Lentas (Valencia), Animatipia (Collado Villalba, Madrid) Granja Gráfica (Barcelona) La Familia Plómez (Madrid) y la Imprenta Artesanal Marvel (Alcalá la Real. Jaén). El encuentro tuvo lugar en el Centro Cultural de Bujarsot, una localidad cercana valencia y en la que Oficio tiene su taller. Uno a uno fuimos hablando de nuestro taller, mostrando imágenes y trabajos realizados y sobre todo compartiendo emociones e historias de los más interesantes descubriendo, de paso, lo mucho en común que personas tan distintas y de tan diferentes lugares teníamos en torno a la imprenta tipográfica. 
  
   También pudimos visitar el Museo de La Imprenta del Puig, así como los talleres de Lola Espinosa y de su maestro Alfredo Lazo en la cercana localidad de Godella. Un día que supo a poco y dejó una agradable sensación en todos y cada uno de nosotros.


Algunas fotos del encuentro de Valencia.
  
   Y como somos reincidentes en esto de la tipografía y la imprenta, los talleres madrileños pensaron que no hay dos sin tres, por lo que agarrándose bien fuerte a los componedores y tipos se pusieron a organizar el III Encuentro. Lola y Antonio de Animatipia y Juanjo, Eva, Roberto, Vero, José Ramón, Nicolás y Raquel de los Plómez comenzaron a pensar como hacerlo este año, preparando, no sin ciertas dificultades, un programa de actividades mucho más extenso e intenso, nada más y nada menos que cuatro días de tinta y plomo, reservando el primero y último día al papel impreso en forma de incunables, catálogos y otras joyas bibliográficas. Este año pude por fin conocer personalmente a Jesús Morentín, Yago Bolivar, Vero Gorri y a Paco Mora, así como reencontrarme con Lola Jiménez y Antonio Expósito, José Ramón Penela, Juanjo López, Roberto Gamonal, Eva de la Rocha, Eva Mengual, Lars Amundsen y Matthias Beck, Lola Espinosa y Xelo Garrigós. 

    Los talleres participantes del 10 al 13 de julio fueron: Animatipia (Collado Villalba, Madrid), La Familia Plómez (Madrid)La Seiscuatro (Valencia), Tipos en su tinta (Santa Cruz de Tenerife)Oficio (Burjasot. Valencia) Mecana Sans (Alicante), Bunkertype (Barcelona), PMPGRAFIX (Albacete), Imprenta Artesanal Marvel (Alcalá la Real. Jaén) y Christian Granados de la LCC-UAL de Londres.

    José Ramón Penela fue el encargado de darnos la bienvenida en nombre de los organizadores y pasó a presentarnos al bibliófilo y pendolista Javier García del Olmo que nos mostró algunas piezas de su colección personal, que son muchas y extraordinarias. Nos dejó tocar y remirar una página de Las Crónicas de Núremberg, un incunable impreso por Anton Koberger en 1493 (una experiencia inenarrable), también nos enseñó una impresionante obra de Leon Curmer de 1890 y entre otras curiosidades tipográficas, un raro ejemplar del libro La Typographie de Marcel Valotaire de 1930 y diversos y muy interesantes catálogos de tipos de fundiciones francesas, portuguesas y españolas. Al finalizar, Christian Granados , uno de los participantes, nos mostró algunos catálogos de tipos ingleses de su colección, con tipos raros, interesantes y desconocidos por mi.





    
   Para el fin de semana, la propuesta consistía en la realización de un libro impreso en el que cada taller se encargaría de imprimir una página del mismo y del que se haría una tirada de 18 ejemplares. Y a pesar de contar con dos días para hacerlo, la actividad tuvo que dividirse entre el taller de los Plómez en Madrid y el Centro Cultural Peñalba de Collado Villalba, donde nos esperaba una más que agradable sorpresa.

Paco Vela realizando un tiro en la prensa tipo Stanhope de Animatipia. 


    
     Que como pueden ver en la fotografía era una prensa tipo Stanhope, fabricada por Amos dell`Orto en Monza en 1857, y que habían adquirido y traído desde Italia Animatipia hacía unos años y que habían cedido al Centro Cultural para su exposición. Como podrán imaginar, tener a nuestra disposición una pieza de museo para realizar nuestras impresiones fue memorable. La actividad desarrollada durante los dos días fue intensa y llena de emociones. Lo cierto es al ver a otro impresores ejecutar su trabajo uno aprende y mucho.


Vero Gorri manipulando el trabajo realizado durante el Encuentro. Foto Juanjez López.

    
    El encuentro concluyo el lunes 13 con una visita a la Biblioteca Histórica "Marqués de Valdecilla" de la Universidad Complutense de Madrid, en la que además de visitar el edificio y el magnífico taller de restauración que tienen, pudimos ver algunos libros especialmente preparados para nosotros, que como podrán imaginar tenían como nexo común la imprenta. 




   
    Así pudimos ver (que en esta ocasión el tocar estaba prohibido) un ejemplar completo de la Crónicas de Nuremberg, de Anton Koberger que, como dije antes, imprimió en 1493. Un libro impreso en Sevilla por Jacobo Cromberger en 1510, en mi opinión el más grande de los impresores alemanes afincados en España en el comienzo de este arte en la peninsula. También un curioso libro impreso en el taller veneciano de Aldo Manuzio en 1512 y que tenía escrito, de su puño y letra, que pertenecía al inmortal Francisco de Quevedo. Un pequeño libro de bolsillo titulado Russia seu Moscovia itemque Tartaria, impreso en 1630 en la oficina Elzeviriana de Leiden, por el holandes Abraham Elzevir, tercera generación de los Elzevir y responsable de la fama y calidad de los libros que a partir de entonces salieron de la Ex Officina Elzeviriana. Tambien pudimos contemplar un ejemplar de La Conjuración de Catilina y la guerra de Yugurta de Salustio, impreso por Joquín Ibarra en Madrid, en 1772, o el libro Crispus Sallustius, impreso en Birmingham en 1773 por John Baskerville y alguno más que no anoté, sobre todo por que a partir de aquí yo ya no estuve para más libros, pues tuve la inmensa fortuna de poner tener entre mis manos un ejemplar de uno de los primeros libros impresos en la Granada recién arrebatada a los andalusíes, era el Arte para ligeramente saber la lengua araviga, escrito por fray Pedro de Alcalá, e impreso por Juan Varela de Salamanca en 1505. Para un amante de la historia de la imprenta y además granadino ¿pueden imaginar algo más emocionante?.




    El Encuentro concluyó con una visita a la Imprenta Municipal delAyuntamiento de Madrid, en la que contamos con las explicaciones de José Bonifacio Bermejo, su Director. Un buen punto y final para un encuentro donde la IMPRENTA, así, con mayúsculas, fue la responsable de que la sensación que todos y cada uno de nosotros nos llevamos a nuestro taller no haya podido ser más positiva.


lunes, 24 de agosto de 2015

Demasiado tarde para desaparecer



   Cuando a finales del siglo XX la mayoría de las imprentas comenzaron a aventurarse en nuevas técnicas de composición e impresión, desplazando progresivamente todo lo relacionado con la tipografía, ni cajistas ni impresores intuyeron lo que se les venía encima, la linotipia primero y el offset después, iban a marcar definitivamente el devenir de un oficio que llevaban realizando muchos años y que antes habían visto hacer a sus maestros, nadie pudo imaginar que aquello era el principio del fin. 

El cajista Samuel Langhorne Clemens, conocido por todos nosotros como Mark Twain, hacia 1852. 

     
     Un cataclismo que no quisieron ver pero que, apenas unas décadas después, con la llegada de los primeros ordenadores e impresoras digitales a las Artes Gráficas acabaría arrollándolos en los últimos años del siglo pasado. Esto supuso, a mi entender, un punto de inflexión en un oficio tal y como se había conocido durante más de 500 años, y representó una transformación de la misma magnitud que la vivida en las imprentas durante el siglo XIX, cuando las prensas "Stanhope", la generalización del uso de "rodillos" (que para quién lo desconozca por aquel entonces se fabricaban mezclando cola y miel) y finalmente la linotipia, modernizaron e industrializaron los procesos de impresión y composición. No me cabe duda de que la Edad Moderna de la Imprenta en España fue resultado de la secuencia histórica conocida como revolución liberal, que además de la tecnificación, supuso el definitivo cambio en la mentalidad de los empresarios del sector gráfico, espoleado por un aumento de la alfabetización en una población que a partir de entonces comenzaron a demandar sus impresos.

Linotipias en la sala de composición de un taller portugués en 1950.






   
    Pero no crean que esta ruptura con el pasado, se vivió en las imprentas tipográficas comerciales con tristeza, más bien fue todo lo contrario. La mejora en la eficiencia y rentabilidad que suponían los nuevos procedimientos gráficos fue para todo el mundo un motivo de alegría, desde el aprendiz al propietario. Los cajistas, poco a poco, fueron mejorando sus condiciones de trabajo con la llegada de la linotipia, para acabar siendo los responsables, en todos los talleres, del manejo de las fotocomponedoras primero y los ordenadores después, liberando a tan legendario oficio de su pesada y poco salubre actividad. A su vez, los maquinistas dejaban, por fin, de tener que ser a la par que buenos impresores, mejores mecánicos, y los talleres comenzaron a ser lugares ordenados, limpios y luminosos, pues las nuevas máquinas y tecnologías requerían unas instalaciones muchos más amplias de las que hasta entonces habían necesitado ninguna imprenta tipográfica. Convirtiendo las Artes Gráficas en una actividad dinámica, tanto por su capacidad de incorporar adelantos técnicos, como por su incidencia social en la vida de pueblos y ciudades. Esta pujanza en las imprentas supuso a la vez la modernización  y el abandono del antiguo oficio, dictando, de paso, la suerte que corrieron cajas, minervas y demás elementos tipográficos, que en el mejor de los casos fue el arrinconamiento, cuando no directamente la venta a chamarileros o chatarreros.

Curiosa modificación de la prensa Ruggles reconvertida en planocilíndrica en un taller americano hacia 1906.


    

     Los hechos antes narrados no crean que son viejas historias sacadas de legajos o antiguos documentos, estos acontecimientos apenas hace treinta años que sucedieron y sin embargo parece que han pasado siglos, la velocidad de los avances en la tecnología digital nos alejan de ese pasado de manera exponencial a cada año que pasa. De manera que el avance inexorable del tiempo ha propiciado que, en ese breve espacio de tiempo, la mayoría de los talleres de imprenta que tuvieron en la tipografía su seña de identidad hayan, literalmente, desaparecido. 

    Por eso, el empeño en España por recuperar la imprenta tipográfica adquiere un valor excepcional y maravilloso. Por una parte porque por la edad, la mayoría de quienes andan en el intento son personas que se manejan con más soltura entre smartphone, ipad y ordenadores digital que entre utensilios tipográficos y por otra porque ya son poquísimos los talleres tipográficos a los que recurrir para conseguir material, máquinas o simplemente el consejo de un antiguo maestro. 

   ¿Hemos llegado demasiado tarde?, yo creo que no, pues es bien sabido que ante la adversidad el ser humano se crecen, encuentran soluciones a los problemas y los obstáculos son salvados con imaginación y perseverancia, además y para nuestra suerte no todo iba a ser zozobra, pues la finalización de la actividad de las imprentas en nuestro país, por jubilación de su propietario, supuso en muchos casos que los talleres quedaran tal cual fueron cerrados por sus dueños, viendo como ese material desechado y almacenado en lo más profundo de las imprentas han pasado a ser cotizadísimas  piezas anheladas por esto "buscadores de tesoros" en los que se han convertido muchos de los nuevos impresores tipográficos. 

 III Encuentro de Impresores Tipográficos. Madrid 2015 - Fotografía Paco Mora.



    

     Esta podía ser muy bien la génesis de los Encuentros de Impresores Tipográficos que se han celebrado en España y que sin duda van a ser el punto de partida de una historia que ha conseguido, por lo pronto, que la imprenta tipográfica no desaparezca y que tengan en sus manos el futuro de este antiguo arte. 

jueves, 25 de septiembre de 2014

Imprimiendo Recuerdos

   

   Últimamente estamos desarrollando proyectos y actividades dirigidos a la difusión y divulgación de la imprenta tipográfica, mediante talleres, conferencias, ferias, etc... Por lo que nuestra respuesta a la propuesta que nos hicieron los responsables del Centro María Zayas de Belicena (Granada), sobre la posibilidad de organizar un taller dirigido a los residente en este centro con motivo del Día Mundial del Alzheimer 2014, no fue otra que la de aceptar.

   Para la ocasión, la Imprenta Artesanal Marvel imprimió un cartel tipográfico con una tirada de seis ejemplares y del que se hicieron fotocopias para difundir la actividad entre residente y familiares.

     Nunca antes habíamos trabajado con mayores, por lo que ni nos imaginábamos que aquellas mujeres y hombres pudieran aportarnos tanto. Se acercaban con timidez y recelo ante tanto objeto extraño, pero en cuanto les invitábamos a que fueran cogiendo las letras de las distintas cajas para componer sus recuerdos, la timidez se trasmutaba en curiosidad ante los tipos de madera, y el recelo en asombro cuando les animábamos a fueran ellos los que realizaran la impresión en la sacapruebas, resultaba entrañable ver la ilusión en sus caras al ver sus recuerdos impresos. Esta claro que la imprenta tipográfica mantiene intacta la magia  después de más de 560 años de vida.

   Siendo el Alzheimer un desorden progresivo, degenerativo e irreversible del cerebro que causa debilitación, desorientación y la muerte intelectual de la persona que lo padece, era imprescindible intentar recuperar los recuerdos entre quienes aun los mantiene y dejarlos impresos con tipos móviles.



    De manera que durante todo el día los residentes estuvieron componiendo con sus propias manos esos recuerdos utilizando para ello antiguos tipos de madera, que luego fuimos imprimiendo en una sacapruebas. Una vez impresas las hojas de papel fueron colocadas en el “Muro de los Recuerdos” para que de este modo, tanto residentes como visitantes, pudieran realizar un ejercicio de  memoria colectivo recordando su significado y compartiéndolo entre ellos.

 
   Ahora que la imprenta digital está haciendo que los antiguos sistemas de impresión estén dejando de formar parte del imaginario colectivo, queríamos reivindicar la vigencia de este antiguo oficio uniéndolo a los recuerdos de nuestros mayores en un intento de hacer perdurar su memoria y la de la imprenta tipográfica.


   No quiero concluir esta reseña sin agradecer a todo el personal del Centro María Zayas, con su directora a la cabeza, la amabilidad, colaboración y facilidades para llevar a cabo este magnífico taller.



jueves, 4 de septiembre de 2014

Manuel Serrat Crespo (1942-2014)

     El primer trabajo tipográfico que con pretensión de serlo realizamos en la Imprenta Artesanal Marvel fue un librito titulado 12 Haykus de Manuel Serrat Crespo. Un autor nacido en Barcelona y que debió de resultar un gran desconocido para la mayoría de los visitantes del blog, pero que en realidad era una personalidad en el mundo literario desde hacía muchos años, no solo como poeta y escritor, que lo era y bueno, sino como divulgador de la cultura de países del África francófona y sobre todo como traductor del francés, el hecho de que fuera condecorado como Caballero de las Artes y las Letras francesas, y nombrado miembro de honor del Consejo Europeo de Traductores Literarios no deja lugar a dudas.




    A Manuel Serrat lo conocí al tiempo que a su mujer Agnès Agboton, una filóloga y narradora de cuentos y leyendas de tradición oral africana natural de Benin, presentados por mi cuñada la antropóloga africanista Marían del Moral Garrido el año 2006 en Ribera Alta (Alcalá la Real-Jaén).

    No recuerdo exactamente, pero creo que fue al año siguiente, durante su estancia en la casa rural “Callejón de la Pajota” en Frailes (Jaén), cuando surgió la idea de imprimir con tipos de plomo una selección de los haikus que había escrito para el libro Maruyme, diario de viaje. Una obra muy recomendable para los amantes de la poesía y que además encierra una simpática curiosidad, pues mezclando con habilidad datos reales y ficticios creó al poeta japonés Maruyme, un personaje que aparece catalogado como autor en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos así como en la Biblioteca Nacional de España, algo parecido a lo que ocurrió con el pintor catalán Torres Campalans, un personaje inventado por Max Aub que llego a aparecer en varias enciclopedias de arte como un enigmático pintor cubista.    








    De aquel impreso guardo muy buenos recuerdos pese a no resultar nada fácil combinar los fotopolímeros con los tipos de plomo, pues fue el propio Manuel quién se empeñó en que aparecieran juntas las traducciones al japonés junto a los Haikus, las páginas quedaron perfectamente equilibradas gracias a las manchas y el color de los distintos bloques, o de cómo el “accidente” de intentar imprimir con tinta blanca, sin previamente haberla mezclado con tinta plata, le aportó a la portada una textura y calidad impensable. El trabajo fue complejo pero el resultado nos dejó muy satisfechos a los dos.


    Manuel Serrat falleció hace unos días y el dolor ante la perdida de este gran intelectual ha sido tremenda, teniendo muy presente a Agnes quién sin duda difícilmente podrá encontrar en este pequeño homenaje algo de consuelo.